La AAA llegó al PRD de Quintana Roo
Pues resulta que el PRD de Quintana Roo nos vuelve a enseñar de qué está hecho. Se tiran el café en la ropa, se pendejean, se retan a partirse la madre (sic) y reculan.
Esta bella escena llena de dimes y diretes tan parecida a las que presentan previo a la lucha la “Lady Apache” y la “Martha Villalobos” de la AAA, la materializaron el concejero nacional del PRD, Julián Ricalde Magaña y al activista del Fedesur, Hugo González Reyes, en el Café California de la Nader.
Antes del medio día Julián Ricalde llegó al mencionado café y de lejitos divisó a su compañero de partido Hugo González, se le acerco y le reclamó por acusarlo sin sustento de haber robado nueve millones de pesos del partido cuando fungía como líder estatal del partido del Sol Azteca —¿habrá sido posible?—
Los trapitos salieron al sol y se volvieron a ensuciar en una mezcolancía de mentadas y maldiciones, Ricalde le dijo a González que era un poco hombre —alguien me dijo que le quería decir puñal, pero se midió por el lugar en que estaba— donde no se midió fue cuando no se por que le dijo que era un pend… le tiro el café encima y luego le invitó cordialmente a que salieran del restaurant para romperse la madre (sic).
Pero supuestamente González Reyes haciendo uso de la “civilidad” le dijo que el no era un superman para andar intercambiando golpes… Y el caso es que para algunos politólogos —de aquellos que se dan golpes de pecho — se preguntan sí esta clase de políticos es la que queremos que nos gobierne; que si esta clase de políticos es lo mejor que pueden ofrecer nuestros partidos o que bla bla bla…
Y a decir de este chafa columnista; ¡pues déjenlos que se den con tubo! y es que si bien los ciudadanos no pueden darle sus coscorrones a estos politicuchos, pues de mínimo que se los den entre ellos; reconozcamos que unos cuantos “kates” nos les sobrarán y otros pocos no les harán daño.
Así que para la otra y para deleite de los gustosos del pancracio, sería bueno que los espectadores abandonen el restaurant o café para así darles confianza, para que no se cohíban los perrones y se den hasta con la de orinar; o sea, con la bacinica. —¡Total nada se pierde!—
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