Deforestación, rellenos, invasiones… e inauguraciones.
En la Zona Norte del Estado de Quintana Roo aparentemente y de acuerdo a los hechos no se respetan ni los bosques, ni los manglares ni las corrientes subacuaticas que fluyen por nuestro subsuelo, esto lo demuestran tanto las “aterroridades” federales, estatales y municipales como los “invarsionistas empresauriales” que depredan nuestro entorno.
Por un lado los cambios de uso de suelo al vapor que aprobaron, en marzo pasado, los cabildos de Benito Juárez, estan generando graves secuelas en el entorno como lo es el caso de que luego que la Profepa y Semarnat clausuraron un proyecto condominal que se ubica en la carretera Puerto Juárez, “por contravenir la legislación ambiental”, uno de los socios de la obra, el “empresaurio” local Diego de la Peña sostuvo que se trató de un cambio de uso de suelo que Profepa negó inicialmente pero luego ratificó y aprobó.
Manifestando este su confianza en que la próxima semana se reanuden los trabajos ya que se aplicara el principio de “Billetera mata legislación”.
Aunque por otro lado la Profepa informo extraoficialmente que la clausura se efectuó porque los “empresaurios”, entre ellos la presidenta del Grupo Modelo de México, María Asunción Aramburuzabala Larregui y su segundo marido el embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, quienes patrocinaron la devastación de enormes extensiones de mangle, además de rellenar humedales y generar daños colaterales a la zona arrecifal de La Carbonera.
Aunque Diego de la Peña jure y perjure que dentro de la construcción había pedazos de mangle que están dentro del POET pero ya están en proceso para resembrarlos en otro punto.
¿En que punto?
¿Tierra adentro donde no estorben los manglares resembrados con las playas?
Esta depredación ambiental forma parte del complejo Puerta del Mar, que se ubica a orillas de la playa, entre Puerto Juárez y Puerto Cancún, donde la empresaria de la cerveza María Asunción Aramburuzabala Larregui está asociada con el empresario local Diego de la Peña, del Grupo Blue Bay, quien hace unos años promovió juicios contra varios posesionarios de predios adyacentes al que ocupa el proyecto. Los posesionarios perdieron, a pesar que presentaron documentación que avalaba la posesión de los terrenos. Además de acuerdo a la clausura levantada, los inversionistas no cuentan con la manifestación de impacto ambiental.
Como quién dice: “NO PROBLEM nosotros no necesitar papers, un socio es la vieja del embajador yankee, he have marines, nos vale mangles lo demás.”
Más calor, más huracanes
Al parecer estos maquiavélicos personajes y muchos más, no están enterados de que acuerdo a la última reunión de los especialistas en Cambio Climático que fue llevada a cabo en París en días pasados, estos aseguraron que existe una estrecha relación entre cambio climático y los ciclones, cuyo número permanece estable, pero su fuerza y potencia aumenta, como lo demuestra la devastación sembrada por Nargis a su paso por Myanmar, donde fallecieron al menos 100 mil personas.
El asunto es que de acuerdo a las estadísticas, hay una media de 80 tormentas tropicales o ciclones cada año en el mundo y no parece que su número aumente pero si su fuerza. Tanto en el norte del océano Índico como en el Mar Caribe, estos fenómenos extremos golpean por lo general cinco veces al año, indistintamente al inicio de la temporada de ciclones, como el Nargis, o al final, como el Sidr, que azotó Bangladesh en noviembre de 2007, dejando al menos 4 mil 400 muertos.
Pero, desde hace 30 años, los que habitamos en Zonas de Huracanes hemos constatado un aumento del número de ciclones de categorías 4 y 5, acompañados de vientos que soplan a más de 200 km/h. Denotándose un incremento global de la intensidad.
De acuerdo a datos del Instituto de Tecnología de Atlanta Georgia, los huracanes de categorías más fuertes (4 y 5) se duplicaron entre los años 70 y el periodo 1990-2004, más también los datos nos revelan que la potencia de los ciclones se ha prácticamente duplicado desde los años 50.
Según el último informe del Grupo Intergubernamental para el Cambio Climático (GICC), publicado en 2007, “cabe esperar no sólo más ciclones, sino también de intensidad superior”.
Una cuestión importante, que hay que tomar en cuenta y es la de que estas observaciones se basan en estudios en general r
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