“Vivir con elegancia”

Jul 27, 2008

POR: Georgina Montelongo L /// Ser elegante va más allá de una imagen exterior, es un asunto de actitud, un reflejo de nuestro interior. La manera como acostumbramos vestir, caminar o expresarnos, no sólo habla de quiénes somos, sino de qué tanto nos sentimos merecedores de atraer lo mejor a nuestras vidas.

Pedro Loredo, quien fue diseñador oficial del Certamen Señorita México, nos da su opinión: “Existe gente que nace elegante, ese toque de distinción con el que portan sus atuendos y accesorios, es algo que se trae desde la cuna. Estas personas, expresan a través de todo su ser, que son especiales y generalmente, dejan huella en donde quiera que se paren”.

El diseñador continúa: “Sin embargo, soy fiel creyente que dentro de cada uno, está la posibilidad de mejorar, de aprender y de hacer todo lo posible para resaltar lo mejor de sí mismo. La palabra elegancia viene del latín “eligere”, que significa saber elegir; por lo tanto, la persona que pretenda ser elegante, debe ser muy selectiva, respecto a lo que le sienta mejor de acuerdo a su edad, su personalidad y a sus características personales”.

“La elegancia no tiene nada que ver con la frivolidad o con ser superficial; al contrario, el hecho de que una mujer quiera verse y sentirse mejor, significa que está plenamente conciente de su valor. Por otro lado, tampoco se trata de “disfrazarse”, usando aquellas prendas que no nos favorecen, con el fin de aparentar lo que no se es. En este sentido, la honestidad y la sencillez al vestir, puede darnos la pauta, para saber qué es lo que mejor nos va”, recomienda Pedro Loredo.

Para él, la seguridad es una de los elementos esenciales de la elegancia. Si una persona es insegura, lo reflejará en su manera de caminar, portar un atuendo o en sus movimientos. “En estos casos, de nada sirve portar el mejor de los vestidos, si se muestra con temor”, puntualiza.

La manera de expresarse verbalmente, el tono de la voz y hasta el volumen que utilizamos generalmente para comunicarnos, son factores que revelan nuestra personalidad. Si pretendemos ser elegantes, no es prudente ni lógico utilizar en la vida cotidiana, palabras altisonantes, ni expresiones que nos denigren a nosotros mismos o a los demás. Además, el tono de la voz, debe responder a una cadencia y un ritmo suave; en cuanto al volumen, también tiene que ser el adecuado, ni muy bajo, ni muy alto; un término medio.

La elegancia también tiene mucho que ver con la corporalidad, es decir, la forma en que nos movemos. Por esto, es recomendable evitar, dentro de lo posible, los movimientos bruscos y exagerados. El cuerpo, por sí mismo tiene su propio lenguaje, escúchalo.

Pero tan importante o más que todos estos aspectos que se mencionan, es el hecho de cultivar nuestro espíritu. “Abrirse a conocer y a ser parte de todas las manifestaciones artísticas y culturales a nuestro alcance, también es parte fundamental de la elegancia y la distinción”, finaliza Pedro Loredo.

El atreverse a ser elegante, no depende de cuánto dinero podamos gastar en una prenda, sino en la capacidad de cada quién para distinguirse en el arte de vivir.

“A favor de la paz, por un México Unido”.
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