PRD, PT y Convergencia, privatizan Cancún
De todas estas “privatizaditas” realizadas por el alcalde Greg, los partidos que a nivel nacional se dicen “anti-privatizadores”, o sea, PRD, PT y Convergencia, en lo local se hacen “que la virgen les habla” y hasta parece que el ratón les comió la lengua cuando en el Cabildo, el primer edil hace de las suyas.
Este columnista cafetero en un apartado anterior comentó, que la rebatinga que se trae el “Peje” y los partidos afines a la no “privatización” de PEMEX, se acabará cuando el sistema les llegue al precio, tanto al “Peje” como los partidos que lo secundan; es decir, cuando los “metan al ajo”.
Un claro ejemplo de ello, es que las dirigencias quintanarroenses de los mismos partidos PRD, PT y Convergencia, en lo nacional se dicen “anti-privatizadores”; pero en lo local, no sólo privatizaron su partido al venderle la candidatura a la alcaldía de Cancún a un empresario, sino que además, le permiten y lo apoyan para que este empresario, hoy alcalde, privatice hasta las calles de esta ciudad.
Recién llegó a la alcaldía, Greg Sánchez sin licitar y sin cabildear, le “privatizó” el relleno sanitario a una “empresa amiga”; “días” después, autorizó el arranque en el cobro de estacionamiento en lugares que por ley, deben proveer el servicio.
Y la última “privatizada” que el alcalde ya tiene por salir del comal, es la concesión de la señalización de las calles, esto a una empresa que además, de dársela por VEINTE AÑOS, el Ayuntamiento no cobrará peso alguno (dicha empresa prevé a cambio, explotar las calles con publicidad).
De todas estas “privatizaditas” realizadas por el alcalde Greg, los partidos que a nivel nacional se dicen “anti-privatizadores”, o sea, PRD, PT y Convergencia, en lo local se hacen “que la virgen les habla” y hasta parece que el ratón les comió la lengua cuando en el Cabildo, el primer edil hace de las suyas.
Y muy seguramente, lo mismo pasará a nivel nacional, apenas les den a los "anti-privatizadores" su bien servida rebanada del pastel, se harán humo, total México todo lo aguanta. ¿O qué no?
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