Alimento para espíritus implacables
POR: Ana Díaz Sesma Cuando cierro el libro, continúa el efecto de cada palabra en mi interior. Afortunadamente ningún conejito blanco sale por mi boca, como le ocurre al protagonista de Cartas a una señorita en París, de Julio Cortázar, aunque la sensación de cosquilleo en la garganta la experimento igual que el personaje. Así de poderosa es la literatura, pues rompe las barreras del tiempo y espacio, derrumbando el fino cristal entre fantasía y realidad.
Para el escritor Mario Vargas Llosa, “la literatura es alimento de los espíritus indóciles”, que no se conforman con conocer únicamente su propia realidad. ¿Quién se puede conformar sólo con el mundo inmediato que nuestros sentidos perciben, cuando la fantasía nos lleva a mundos inimaginables? ¿Por qué limitarnos, cuando podemos conocer la vida de otros personajes, emocionarnos e, incluso, involucrarnos en sus historias? Las mentes inquietas no se conforman con lo que tienen a su alrededor; por ello nos dice este autor: "Salen a cabalgar junto al escuálido Rocinante y su desbaratado jinete por los descampados de La Mancha; recorren los mares en pos de la ballena blanca con el capitán Ahab o se convierten en un insecto como Gregorio Samsa".
A través de la literatura conocemos también el punto de vista y la ideología del autor. Por medio de sus personajes podemos entender mejor la naturaleza humana y, por consiguiente, a nosotros mismos.
En la novela, el cuento y la poesía, confirmamos que a pesar de las diferencias -raza, sexo, cultura, religión e ideas- la condición del hombre es la misma en todos. Así, la literatura actúa como un antídoto contra prejuicios pues las grandes obras hablan de igualdad entre los individuos. Citando de nuevo a Mario Vargas Llosa: "En los textos literarios comprobamos que las variaciones étnicas o culturales son la riqueza del patrimonio humano y una manifestación múltiple de creatividad".
Además, la lectura nos ayuda a encontrar la expresión adecuada para transmitir nuestras ideas y emociones, pues amplía nuestro vocabulario y enriquece nuestro lenguaje, que es una herramienta básica de comunicación.
La posibilidad de imaginar, fantasear y conocer otras realidades nos ayuda a abrir nuestra perspectiva para percibir al mundo que nos rodea. Por ello, es importante acercarnos a la literatura y soñar, sentir e imaginar, para luego llevar a la práctica nuevas formas de relacionarnos, donde el respeto por la ideas del otro sea lo que prevalezca.
Busquemos el tiempo para leer y transmitir la pasión por las letras, pues la literatura es un motor de gran potencia para desarrollar nuestra sensibilidad y una sociedad con mayor sensibilidad, será más respetuosa y plena.
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