Tarahumaras: Retrato de una etnia

oct 13, 2008

POR: Guadalupe Cerrillo /// Chihuahua es el estado con mayor superficie territorial de México, dentro de sus dimensiones cruzan grandes desiertos, bosques, montañas y barrancas; pero también es cuna de una cultura milenaria, la Tarahumara.

Los tarahuma-ras o rarámuris como ellos mismos se llaman, aunque también habitan en el estado de Durango, el grueso de su cultura se sitúa principalmente en Chihuahua, específicamente en la Sierra Madre Occidental.

Ésta es el lugar donde viven, principalmente en los municipios de Bocoyna, Urique, Guachochi, Batopilas, Carichí, Balleza, Guadalupe y Calvo y Nonoava; situados de 1500 a 2400 metros sobre el nivel de mar. Los climas más extremos pasan todos los años por la ladera de su montaña.

De las inclemencias del clima se protegen en cuevas cerca de Creel y en mejores épocas, sacian su sed en los valles, con el agua de arroyos que corren en las cercanías de sus chozas -viviendas de troncos de árbol. Los de pies ligeros viven en pequeños grupos en épocas de calor.

Son una étnia que sorprende al visitante no sólo por el lugar donde habitan, como la Barranca del Cobre; también por su forma de vida que nos remonta a épocas precolombinas. Viven sólo con lo necesario: una puerta, una o dos habitaciones, un fogón que aclimata su pequeño espacio libre de muebles y de ostentosos utensilios.

Su población, de alrededor de 50 mil, se caracteriza por su piel gruesa y oscura, cabello lacio y cara ovalada. Los hombres -aunque algunos han adoptado la indumentaria occidental-, prefieren lo tradicional, que es cubrir su cuerpo con una camisa de manta blanca con cuello y grandes mangas con puño. Usan un taparrabo que cuelga por detrás y lo ajustan con un ceñidor de lana, que al igual que las mujeres, lo usan como cinturón, el cual tejen ellos mismos.

Las damas, envueltas en mil colores, se protegen del frío bajo sus cuatro faldas amponas y blusas de flores diminutas. Y hombres y mujeres usan huaraches de suela ligera (akaka), amarrados hasta el tobillo.

Su cobija, prenda importante que los cubre en días fríos y ablanda su descanso cuando les sirve de cama, la cuidan con especial afán, es tejida por ellos mismos con lana de sus ovejas y sólo la intercambian o apuestan en ocasiones muy especiales. Aunque lo distintivo de su pueblo es la koyera, cinta que usan para mantener el cabello en su lugar.

A pesar de las distancias, sus grupos están perfectamente comunicados. Su gobernador, juez y médico -distinguido por el bastón que lleva en la mano, mismo que se le entrega cómo emblema de su cargo-, recorre muchos kilómetros entre poblado y poblado, y una vez reunido con los suyos, repasa lo que significa ser rarámuri, su mitología, ritos, la herbolaria y las técnicas de cultivo.

Es un grupo indígena que adora al sol, la luna, las estrellas y naturaleza. Anteponen el valor de las personas a lo material, su organización social es solidaria y totalmente armónica; nadie es superior y cada quién tiene un trabajo y una responsabilidad. Su gentileza es reflejo de sus actos y su lengua de su poesía Tarahumara: "te saludo con la paloma que gorjea, te deseo salud y felicidad con los tuyos".

“Creemos en México, ahora creamos en su gente”.
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