Kalimán, el hombre increíble

Oct 26, 2008

POR:  Sam Luna /// Le llamaban “El Hombre Increíble”. Para muchos quizá fue sólo un mote, de esos que nacen en el fútbol para hacer más famosa a una persona. Pero para Javier Guzmán, el apodo no sólo le fue puesto para ser identificado por la prensa, y los aficionados, fue una forma de vivir.

 Figura del Cruz Azul en le década de los 60 y 70, el “Kalimán” Guzmán es ahora un ex futbolista a quien paradójicamente el tiempo y la diabetes le hicieron perder una pierna y, ¿qué es un futbolista sin ella? Don Javier ha demostrado que es un ser humano feliz, íntegro.


“Me siento excelente, en un inmejorable estado. Es verdad, tuve un percance, pero esto no es el final, es otra parte de la vida que enfrento con mucho ánimo y fortaleza, pues aún tengo mucho que dar”.

 

La carrera del “Kalimán” comenzó en el Club Tampico, en 1961 y tres años más tarde hizo su arribo a la Máquina Celeste del Cruz Azul. “Permanecí en este equipo casi veinte años y me retiré a la ‘callada’, sin partidos de homenaje ni nada por el estilo. Sabía a la perfección que el tiempo cobra factura, las lesiones aparecen, en fin, hay que dejarle el paso a los jóvenes”.

 

El sobrenombre de “Kalimán” surgió porque Javier Guzmán se caracterizaba por salvar al equipo. Como defensa muchas veces tuvo la oportunidad de sacar el balón de línea de gol. Para hacerlo tenía que dar maromas en el aire, hacer de malabarista o contorsionarse hasta donde su cuerpo resistiera. “¡Hombre! hice muchas cosas así. Por eso Ángel Fernández (decano de los comentaristas deportivos, q.e.p.d.) me puso ‘Kalimán, el hombre increíble’, porque según él hacía cosas inimaginables en la cancha, de ahí se me quedó, mis compañeros lo adaptaron y a mí me gustó, me siento halagado y feliz de que mucha gente me conozca así, la verdad es que pocos son los que me llaman por mi nombre: Javier”.

 

Y sí, hizo cosas increíbles, incluso fuera de la cancha, en el partido de su vida. Las enfermedades no perdonan. La diabetes atacó al “Kalimán” y le dio un golpe severo al tener que perder la pierna derecha. “Fue duro, porqué negarlo. Pero el deporte me ayudó a sobreponerme a todo esto. Ser deportista y tener el apoyo de mi familia y de muchos amigos, en el fútbol, como Guillermo y Alfredo Álvarez (dirigentes del Cruz Azul), me ayudaron a salir adelante. Es paradójico, durante muchos años mis piernas me dieron todo lo que tengo; lo que pude tener en el sentido material me lo gané por ellas, ahora no tengo una, el balón ya no lo puedo patear, lo añoro, pero no me rindo por eso, son etapas, retos que da la vida, sé que perdí una batalla pero la guerra sigue y la estoy dando con mucha fuerza, con espíritu”.

 

En la actualidad, Javier Guzmán trabaja en el Cruz Azul: “Cumplo 43 años en la institución, como visor en las fuerzas básicas, voy por todo el país visitando escuelas, observo a los futuros valores, doy algunos consejos, en fin, esto me ayuda mucho porque soy un hombre útil, mi experiencia vale; quizá ya no haga lo de antes, pero mi vida sigue y mi espíritu es inquebrantable”.

 

Sí, quizá ya no haga aquellas acciones increíbles de hace algunas décadas; tal vez ya no pueda patear el balón, pero don Javier Guzmán sigue firme, con serenidad y paciencia, como el “Hombre Increíble” lleva su existencia, con el orgullo que da la experiencia, con la alegría que da haber vivido una vida plena.

“Creemos en México, ahora creamos en su gente”.

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