Alejandro Magno y Hefestión Amintoros.
Las tragedias llenas de luto y lamentos sucedidas a últimas fechas en las altas esferas de la Politica Nacional, nos hacen recordar la tragedia vivida por Alejandro Magno y Hefestión Amintoros (nacido 356 a. C. – muerto en otoño de 324 a. C.), hijo de Amíntor (Macedonio), aristócrata macedonio quién fue el hombre de confianza de Alejandro en las tareas de gobierno y en la guerra.
Herodoto relata que Hefestión nació en una fecha desconocida, más otras fuentes le atribuyen la misma edad de Alejandro, o quizá un poco menor. Asimismo el Historiador Herodoto no describe de cómo fue que se conocieron, más si describe que desde el momento en que se vieron uno frente del otro se convirtieron en amigos más que inseparables, hay unos párrafos en que con dulzura Herodoto describe que no dejaron de compartir a partir de ese día el pan y la sal.
También es de todos sabido que Hefestión compartiera educación con Alejandro en el pueblo de Mieza, teniendo ambos a Aristóteles como profesor, al igual que otros chicos nobles. Se sabe que el filósofo le dedicó un volumen de cartas al chico Hefestión, así que debieron de conocerse profundamente.
Hefestión acompañó a Alejandro en su campaña asiática desde el principio, luchando a la par de él en la misma unidad de caballería. Al pasar por la ciudad de Troya, Alejandro honró la sagrada tumba del héroe Aquiles, y Hefestión la de amante de Alejandro Magno, asumiendo ante todo el ejército la naturaleza de la relación que compartían.
Tras la batalla de Issos, Alejandro y Hefestión fueron a inspeccionar el botín ganado, que incluía al harén real.
Cuando conquistaron Persia sucedió uno de los episodios mejor conocidos de la vida del chico Hefestión y Alejandro Magno y este tuvo lugar cuando ambos conocieron a Estatira y Sisigambis, respectivamente la mujer embarazada del derrocado Darío III el Codomano y la madre de éste. No se sabe quién le toco a quién, más si se sabe que eran muy compartidos.
Al regresar después de una campaña la reina madre no sabía con quién le tocaba postrarse y cuándo los dos hombres que se le acercaron y ella mostró sus respetos postrándose ante Hefestión, quien era el más alto y bello, y según la lógica persa, el más impresionante de los dos debía ser el rey. Comprendiendo por los gestos que el séquito le hacía que se había equivocado, comenzó otra posternación ante Alejandro; éste, levantándola, la corrigió diciendo: “No te preocupes, madre, no has cometido ningún error. Hefestión es como yo mismo”.
Hefestión no estaba especialmente dotado como comandante en el campo de batalla, pero destacaba en su conocimiento de la logística. Cuando Alejandro requería el caudillaje de Hefestión en la batalla, éste normalmente llevaba a otro general consigo que contaba con mejor dotación de flechas, y a veces al mismo Alejandro, para asegurarse de que no se cometieran errores, pero sus pequeñas dotes como estratega compensaban con mucho sus dificultades que recibía la retaguardia directamente en el campo de batalla.
Nuevamente Herodoto nos relata que “antes de la invasión de la India y el cruce del Hindu Kush, en el actual Afganistán, Alejandro lo nombró ministro, reconociéndolo como segundo en el mando.”
Y asi fue que durante la campaña india, Hefestión volvió a asumir responsabilidades militares en la retaguardia, puenteando ríos y encabezando un escuadrón en la Batalla de Yelum.
Cuenta el Historiador griego que “de regreso en Susa, capital del Imperio Persa, Alejandro desposó a Estatira, la hija mayor de Darío, y dio a Hefestión por esposa a la joven princesa Dripetis hermana menor de su esposa real, de este modo llegaron a ser cuñados”. Llegando el otoño de 324 a. C., el ejército de Alejandro se asentó en la ciudad de Ecbatana para pasar más cobijados el invierno.
Más sucedió que de repente Hefestión enfermó durante los juegos que se celebraron por parte de la corte y murió una semana después.
De acuerdo a Herodoto los síntomas descritos son compatibles actualmente con la fiebre tifoidea, más no se puede excluir la posibilidad de un envenenamiento accidental.
Recordemos que en la democracia griega el joven favorito de Alejandro e íntimo amigo, debió de tener muchos enemigos políticos.
Fuera cual fuera la causa de la muerte de Hefestión, se dice que Alejandro se volvió loco de dolor, haciéndose afeitar la cabeza, y las crines de los caballos del ejército, cancelando todos los festejos y, cuenta la leyenda, crucificando a Glaucias, el médico que lo había atendido.
Envuelto con las ropas que Hefestión usaba Alejandro Magno partió inmediatamente para Babilonia con el cadáver, donde celebró fabulosos juegos funerales en su recuerdo.
El Oráculo de Siwa le pregunta a Alejandro Magno de como tenía que ser venerado Hefestión el chico y el conquistador le respondió que debería ser adorado como un héroe divino. Algunos meses después, aún se estaba construyendo un espléndido monumento funerario en honor de Hefestión cuando el propio Alejandro murió.
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