Antídoto contra el acoso escolar
POR: Rosa Luisa Guerra Vargas /// Cuando los niños ponen muchos pretextos para no ir a la escuela, tienen malestares súbitos y poco claros, y pierden sus útiles, especialmente los más llamativos o caros, pueden ser señales de que está siendo víctima de acoso escolar. Cuando se presenta esta problemática, el apoyo de los padres es fundamental para que ellos puedan enfrentarlo correctamente.
Este fenómeno, denominado en inglés bullying, está creciendo. Según Francisco de Zataráin, autor del libro Lolo, acoso escolar: “Se calcula que 25% de los niños en edad escolar lo padecen, y éste es ejecutado únicamente por 8%”.
¿Cuál es el perfil de los chicos que son susceptibles a esta situación? El especialista establece que ellos tienen una necesidad imperiosa de pertenecer al grupo; y por la otra, no saben poner límites. Necesitan la aprobación de los demás y están dispuestos a todo para obtenerla. Si el líder les dice que sus tenis están horribles, y les niega por eso estar en el equipo de futbol, entonces ellos los cambian. Sin embargo, esto no es suficiente pues el acosador encontrará otra forma de descalificación.
Hay que puntualizar que este fenómeno no es exclusivo de los hombres, entre las mujeres, también se da. “Entre ellas, se usa sobre todo la exclusión: No puedes estar con nosotras en el recreo, no te invito a la fiesta y al día siguiente, frente a ti, platico cómo estuvo”, describe el autor del libro.
Las víctimas de bullying rara vez acuden a sus papás o maestros porque piensan: “Cómo voy a decir que me da miedo defenderme de alguien de mi misma estatura o edad”. Además, la primera respuesta de los adultos suele ser: “Aprende a defenderte” o “júntate con otros”; por lo que los niños perciben un doble fracaso: “No me sé defender y defraudé a mis papás.” En consecuencia, se encierran en el silencio y se merma su autoconcepto.
Francisco Zataráin aconseja que los padres se fijen en los siguientes focos rojos: “Cuando el niño comienza a sentirse enfermo, con ascos, náuseas y dolor de estómago. Tiene moretones inexplicables. Se le da dinero para el desayuno, pero llega con muchísima hambre y presenta problemas de inquietud y bajo rendimiento escolar”. El especialista agrega: “Incluso algunos infantes son erróneamente diagnosticados con Déficit de Atención e Hiperactividad, pero lo que realmente tienen es una tremenda ansiedad. No pueden poner atención, pues tienen que defenderse constantemente”.
La ayuda debe ir encaminada tanto al refuerzo de la autoestima, como a fortalecer su capacidad de adaptación en medio de situaciones adversas. Además del desarrollo de estrategias concretas que le ayuden a desengancharse emocionalmente; a ver la realidad en su justa dimensión.
Aunque la atención a los que padecen este fenómeno es vital, el terapeuta va más allá: “No basta resolver el problema de las víctimas, sin atacar al de los niños que acosan; pues siempre encontrarán a otro a quien molestar. Ellos necesitan ayuda, pues la mayoría han padecido un dolor emocional que no tienen capacidad de integrar, y por ello motivo usan esta conducta como una forma de control”.
El problema tiene muchas aristas; sin embargo, los padres pueden contribuir a mejorar la situación, si se mantienen alertas ante las manifestaciones externas, crean un clima propicio para la comunicación y actúan con sensibilidad para buscar la ayuda adecuada para sus hijos.
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