México, una razón para crecer

Ene 19, 2009

POR: Sam Luna /// Carlos Miloc arribó a México procedente de su natal Uruguay hace cincuenta años, su objetivo era iniciarse dentro del fútbol, en ese entonces como técnico del conjunto Morelia, pero gracias a la experiencia lograda a lo largo de los años, llegó a convertirse en director técnico de 13 equipos de Primera División, a los cuales les dio lo mejor de sí y colocó en sitios privilegiados, dentro de los torneos. Es un apasionado de este deporte y entre sus principales logros se encuentra haberle dado a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, los dos títulos de campeonato que posee en el máximo circuito del balompié.

 

Y llegó para nunca irse, porque aquí en México tuvo trabajo, formó una familia y encontró una nación que lo abrazó, respetó y reconoció su labor realizada a lo largo de más de cincuenta años. Así revive el momento en que pisó nuestro suelo: “Tenía apenas dos días de haberme casado, aterricé en compañía de mi esposa al aeropuerto de la Ciudad de México, para después dirigirnos a Morelia. Recuerdo muy bien que cuando vi las dimensiones de este país, le dije: ‘Pocha’. Esto está bien grande. No sé como lo van a llenar”.

 

Ahora, desde Monterrey, donde reside en compañía de su esposa, “de la que nunca me he separado y no lo voy a hacer mientras me quede vida”, se contesta: “Mira que no sólo lo llenaron, sino que hicieron grandes cosas con él”.

 

México ha sido su casa, lo ha visto crecer. “El fútbol, podemos decirlo, es sólo un pretexto. Vivo para él y por él; hoy, con un control remoto puedo ver los partidos de aquí y de la India si quiero. Pero la realidad es que me enamoré de este país, de la gente que es tan noble, apasionada y agradecida. Hace mucho que dejé de dirigir, de ser una figura pública, pero la afición no me olvida, ni tampoco la gente del medio futbolístico; la prensa me llama seguido para pedirme opinión sobre distintos temas. Yo lo hago, opino, no porque tenga la verdad absoluta, sino porque creo que todo lo que he ganado se lo debo a esta nación y qué mejor manera retribuirlo que a través de la experiencia obtenida. Siento que tengo la obligación de aportarla, para tratar de mejorar la calidad de balompie”, asegura Carlos Miloc.

 

Una de las anécdotas más queridas de Miloc, es de esos días cuando los triunfos con el equipo Morelia, eran una afortunada costumbre: “Había una persona que se dedicaba a vender pan y prometía que si anotábamos gol, regalaba su mercancía a la tribuna donde él estaba. La gente nos gritaba al ‘Manquito’ Villalón (el máximo goleador) y a mí: ‘Anoten que tenemos hambre’; bueno, la época era buena y muchas veces llegábamos a lograr no uno, sino muchos goles. Hasta que el vendedor un día, antes del juego nos dijo: ‘Ahora no anoten gol, que me van a llevar a la quiebra’”.

 

El fútbol es una disciplina que no permite echar raíces en un lugar, por eso se dice que quienes se dedican a este deporte, siempre deben de tener las maletas listas para partir cuando menos lo esperan. No obstante los constantes cambios, Carlos Miloc nunca olvidó el lugar que lo recibió en primera instancia, y cuando le dijo adiós a Morelia, lo hizo de una forma muy particular. “Mi hija nació en Morelia y su llegada coincidió con mi partida de ahí. Mi manera de decirle gracias a ese pueblo, fue ponerle como nombre Sayonara (adiós en japonés) Morelia. Así me despedí, pero nunca dije adiós de manera definitiva”.

 

Esta es una historia afortunada de las muchas que existen, en las que un extranjero termina por acoger a nuestra patria como a la propia, y nos deja un vivo ejemplo del amor y del compromiso que le debemos a la tierra que nos ha dado todo: México.

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