El gym de la voluntad

Ene 20, 2009

POR: Rafael Martínez /// Los hombres nos obsesionamos con la fuerza física, pero al paso del tiempo descubrimos que no se trata de una ventaja real, pues los retos de la edad adulta están basados en la fortaleza, que es la virtud de la persona para obrar de un modo determinado continuamente. Ésta permite sobreponerse a los sentimientos, vicios o pasiones que inhiben la voluntad; ayuda a actuar con resolución a favor de las propias determinaciones y motivos, y no de las emociones pasajeras.

Un ejemplo de lo anterior, es cuando algo nos hace enojar y reaccionamos con ira. Nos disculpamos diciendo: “Es que yo tengo un carácter muy fuerte”, pero esta creencia es un error, pues debería conducirnos a la verdadera fortaleza, la cual ayuda a contener y dominar los impulsos y a la vez, lograr un cambio positivo.

La ira a veces, produce miedo en los que están alrededor y podemos así obtener lo que deseamos, aunque a la larga, no se logran cambios reales, ni duraderos en las personas Contener esas explosiones y canalizar la energía a la búsqueda de las causas del enojo puede ser más difícil, pero da mejores resultados.

La fortaleza también nos ayuda a lograr las metas a las cuales no hemos llegado aún. Hay miles de pretextos, unos más o menos reales, pero lo cierto es que son nuestros actos los que definen el cumplimiento de ellas. Un deportista no solamente gana por su fuerza física, sino por la fortaleza que tuvo para ejercitarse diariamente y desarrollar sus habilidades.

Al enfrentar las desventuras de la vida, cuando sentimos el peso de la tristeza, la pena que nos causa la pérdida de un ser querido, la quiebra de un negocio, el desempleo o el rompimiento de una relación amorosa, nos sentimos abatidos; y cada cosa que hacemos puede parecernos más difícil de lo normal. Imaginemos el heroísmo de las personas que se levantaron después de catástrofes como el Tsunami de 2004 o los terremotos de 1985. La fortaleza es ese impulso o energía vital que nos ayuda a levantarnos de las desgracias.

Podemos adquirirla y aumentarla de la misma forma en que lo hacemos con la fuerza física: Mediante el ejercicio. Sería muy imprudente pedirle a alguien que levantara algo muy pesado, si no está preparado. No sólo no podrá hacerlo, sino que quizá se lastime al intentarlo. Lo conveniente, es ver qué peso puede levantar y que practique con éste varias veces para fortalecer el músculo. Una vez que haya cierta facilidad para hacerlo, entonces se aumenta el nivel hasta lograr el avance que le permitirá lograr lo que en un principio hubiera parecido imposible.

Con la fortaleza el camino es similar. Hay que someter a la voluntad a pequeños retos, y repetirlos hasta comprobar que ésta no es fácil de doblegar; entonces, buscar retos mayores.

Estamos a tiempo de descubrir cuáles son esos retos que hoy debemos realizar para incrementar la fortaleza y lograr las metas. ¿Qué es aquello que no logro realizar y qué me impide crecer en mi trabajo, mejorar la relación con mi pareja, concluir los estudios o cuidar la salud? Esos son los actos que podemos llevar a cabo, poco a poco, para erguirnos como sólidos robles. Debemos seguir este método como quien sube una escalera, un escalón a la vez, y uno detrás del otro.

“Creemos en México, ahora creamos en su gente”.

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