El amante de la luz
POR : Daniel Higa Alquicira /// Carlos García Estrada, con su talento, creó formas y estilos que sólo una mano maestra y una imaginación excepcional pueden alcanzar. Grabador de profesión, sus obras son consideradas como una referencia obligada en el mundo artístico contemporáneo de nuestro país.
Sus trabajos contienen una expresividad que va más allá de los colores, las líneas y las texturas. Con una sensibilidad superior, logró transformar las planchas de metal, en recipientes donde vertía la interpretación de su realidad y su búsqueda constante de la esencia del ser humano y de la vida. Para él, todo se resumía en la luz: “Las personas no hacemos otra cosa que reflejar luz, que es el entendimiento”, aseguraba.
Carlos García Estrada nació en la Ciudad de México en 1934 y su infancia y juventud se desarrollaron en la colonia Morelos, lugar donde tuvo el primer acercamiento con el mundo artístico a través de las funciones de un pequeño teatro guiñol, que hacía sus presentaciones en el Teatro del Pueblo, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Esto le abrió las puertas a un universo lleno de ilusiones y fantasías, su imaginación era superior a cualquier cosa que antes hubiera conocido.
De la mano de Guillermo Ramírez, “Don Ferruco”, director del teatro guiñol, Carlos García Estrada se adentró en el ambiente artístico de la época, participando en las amenas charlas que a diario protagonizaban los grandes intelectuales en el Café París. Incitado por este contexto y por la necesidad de diseñar sus propios escenarios y muñecos, inició su preparación artística con el maestro Mariano Paredes en las Pérgolas de Chapultepec, donde actualmente se ubica el Museo de Arte Moderno.
Entre 1955 y 1960 estudió en la Escuela de Pintura y Escultura “La Esmeralda”, y en 1959 obtuvo su diploma de maestro grabador en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Posteriormente, viajó a París para realizar estudios de grabado a color en el Atelier 17, el famoso taller de Stanley William Hayter.
Desde esos momentos Carlos García Estrada se destacó como uno de los más pródigos grabadores de nuestro país y con su destreza vislumbró un nuevo camino para la gráfica mexicana. En palabras de Teresa del Conde, académica y crítica de arte, “García Estrada, ha sido un maestro consumado en el medio denominado “punta seca”, (estilo) cuyos alcances cúspides en la Historia del Arte, quizá estén representados por Durero, Rembrandt, Whistler, Mary Casat y Picasso”.
Con 52 exposiciones y más de 50 años de arduo trabajo, sus grabados son considerados como la máxima expresión de innovación y experimentación de técnicas y estilos. Su obra es considerada como una de las más influyentes en la segunda mitad del siglo XX en nuestro país y el talento inherente con que manejaba las herramientas metálicas, fue premiado a nivel internacional.
Pero quizá su obra más trascendental, fue la de guiar a muchísimas generaciones de jóvenes en el camino de la creación artística. Su trabajo como maestro jugó un papel fundamental para que se desarrollaran talentos actualmente consagrados como Francisco Castro Leñero, Irma Palacios, Nahúm B. Zenil, Gabriel Macotela, Javier Marín, Marco Vargas y Nunik Sauret, entre muchos otros, y continuar así con la gran herencia cultural del grabado mexicano.
Carlos García Estrada murió el 4 de enero del 2009, a los 74 años de edad. Su obra quedará como muestra imborrable de la sensibilidad con que asumía la vida. Este artista encontró en el grabado, una de las formas más profundas de comunicación. Con trazos firmes y golpes precisos, transformaba a las frías placas de metal en poseedoras de una magia que reproducían la luz y la sombra, el encanto y el misterio de la existencia.
“Creemos en México, ahora creamos en su gente”.
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