Enséñale a tolerar el fracaso

Mar 4, 2009

POR: Alejandra Arredondo Nava /// Jorgito, como cualquier niño de su edad, juega todas las tardes con sus amiguitos de la cuadra al avioncito, a las escondidillas o a los encantados. Pero, hoy, es su día de suerte, porque lo han elegido capitán del equipo de fútbol.

Aunque él le echa todas las ganas del mundo, un penalti, casi al último minuto del segundo tiempo, hace que su conjunto pierda 1-0. Por esto entra llorando a su casa y avienta todo lo que encuentra a su paso, al ver a su madre, se deja caer sobre la alfombra de la sala para armar tremenda rabieta.

La psicóloga, María del Carmen Huerta, del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), comenta que una frustración es la vivencia emocional ante una situación en la que un proyecto o una ilusión, no se logra: “El grado de frustración irá en función de la intensidad del deseo o anhelo que, en la mayoría de los casos, va acompañada de agresividad, tristeza y desilusión. Ésta surge normalmente cuando escuchan un “no” por parte de mamá o papá, no pueden expresar sus emociones, por un castigo, no otorgar permisos o porque hay algo que no les sale bien”.

Todos los niños manejan un nivel de frustración diferente, sin embargo, en el caso de los que suelen ser más inquietos, impulsivos y con temperamento fuerte, pueden presentar una baja tolerancia a ésta: “Se enfadan o se ponen tristes ante el más mínimo deseo insatisfecho u objetivo no logrado, les supone un gran esfuerzo superar esa situación y se sienten desmotivados para volver a intentarlo. Por el contrario, quienes poseen un alto nivel, tienen una gran fortaleza y equilibrio. Saben entender las razones que se les dan cuando no es posible darles aquello que desean”.

¿Qué hacer cuando se enojan y no se pueden controlar, como en el caso de Jorgito? “Primeramente la mamá puede investigar acerca de lo ocurrido. Pedirle que se calme y darle un espacio donde se sienta cómodo, pues si se da retroalimentación al berrinche, lo va a repetir más veces. Hay que hacerle saber que es importante lo sucedido, pero que su comportamiento no va ayudar en nada para resolver la situación. Cuestionarle: ¿Qué quieres que hagamos?, ¿cómo te puedo ayudar?, ¿qué te haría sentir mejor?”, afirma María del Carmen Huerta.

Tarea para padres

Enseñarlos, de a poco, a vivir la frustración es un buen comienzo. Los padres les pueden ayudar a controlar sus impulsos y a entender que demostrar sus emociones no es malo. Sin embargo, tienen que aprender a mostrar, de una manera socialmente adecuada sus sentimientos de rabia, de otra forma, genera un nivel tal de frustración que puede reventar igual que un volcán, explica la psicóloga.

También es esencial que los padres fijen límites claros, precisos y consistentes. Esto significa que el niño los conciba, que cuando su conducta llegue hasta cierto punto, siempre tenga la misma retribución: “Papá y mamá deben ser capaces de fomentar en él, el valor de la paciencia, la tolerancia, la fortaleza, el respeto, la humildad, a través del ejemplo, así como la habilidad de escucha, el sentido de la comprensión y las actitudes empáticas; es decir, que aprendan a ponerse en el lugar del otro y entender lo que éste siente”, concluye la especialista.

Una dosis de frustración, no hace mal al niño, porque ésta va a ayudar a que comprenda que, a veces, puede obtener cosas y otras no, lo anterior puede hacer la diferencia entre un adulto feliz o frustrado.

Libros consultados:

-Disciplina y límites: muestras de amor

María Rosas

Grupo Editorial Norma

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