¿Qué hay debajo de la falda?
Alejandra Arredondo Nava /// Cada vez que Carlos levantaba la falda de Griselda, su hermanita gemela, a Ernestina le causaba risa y gracia, ver la cara de enojo que ponía su hija. Hasta que un día, a la hora de la salida del kínder, le pidieron unos minutos de su tiempo para hablar acerca de este comportamiento. La maestra le mencionó que el pequeño, en cualquier oportunidad, hacia lo mismo con sus amiguitas. Al preguntarle, por qué lo hacía, él sólo respondió: “Quiero ver”.
María del Carmen Huerta Inocencio, psicóloga del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), explica que la curiosidad es la expresión de un deseo de reafirmación personal, que nos ayuda a conocernos más a nosotros mismos: “En la infancia este sentimiento es enorme, porque todavía no ha sido coartado, y es sano debido a que lo anima el impulso por aprender del mundo del que comienza a formar parte”.
Alrededor de los primeros tres años de vida, el pequeño empieza a descubrir su cuerpo, como parte del conocimiento propio y de lo que le rodea. También aumenta el interés sobre temas ligados a la sexualidad, como saber para qué sirven los genitales, por qué son distintos los hombres y mujeres. “Existen familias donde la madre o el padre se bañan con su hijo o se cambian enfrente de él, lo cual no tiene nada de malo, pero a partir de este punto, el niño empieza a darse cuenta que su cuerpo no es igual al de ellos y esto le despierta cierta curiosidad, que puede llevarlo al juego de levantar la falda. De tal forma, que atender esas inquietudes normales en el momento que se presentan, los ayuda a superar con éxito esta etapa y a continuar su crecimiento personal”, asegura la experta.
La psicóloga María del Carmen Huerta comenta que en el caso de Carlos al dejarlo que actuara de esta forma con su hermana, sin cuestionarlo o decirle nada, hicieron conciencia en él de que eso no era malo y que lo podía seguir haciendo en cualquier momento y lugar: “El papel de sus padres, en este caso, es explicarle al pequeño la importancia del respeto hacia sus compañeritas. Primero hay que preguntarle por qué lo hace para enterarse qué es lo que verdaderamente quiere saber; y de acuerdo con su respuesta, platicar, sin rodeos, para aclarar su curiosidad con información que resulte accesible a su edad. Después, es conveniente hacerle notar que todos los hombres están formados de una manera y todas las mujeres de otra. Y por último, establecer reglas de convivencia y comportamiento para que vaya aprendiendo a relacionarse con el sexo opuesto. Mencionarle que así como a él no le gustaría que un amiguito le bajara el pantalón, así a ellas no les gusta que les alcen la falda”.
La especialista expone que para que el niño vea su sexualidad de manera natural, mamá o papá tienen que “decirle cómo se llaman sus genitales tanto internos como externos (sin ponerles nombres extraños). Explicarle que su cuerpo es lo más hermoso que tiene y merece respeto. Para esta tarea, pueden ayudarse de libros sobre este tema y que vayan de acuerdo con la edad. También se pueden hacer ejercicios de autoconocimiento, por ejemplo: de cómo soy, ¿me conozco? o aprender a hablar de lo que siente. Por otra parte, es importante que la reacción de los padres al verlo desnudo o tocando sus genitales, no sea de enojo, porque lo que hacen con esta actitud, es poner una barrera en lo que es algo muy natural para ellos. No olvidemos que hablarle con la actitud más natural y receptiva posible, favorece el diálogo y la confianza”.
Finalmente, es primordial que se inculque a los hijos el respeto hacia las niñas, para evitarles muchos problemas cuando sean adultos. Recordemos que este valor es la base de cualquier otro sentimiento, por ejemplo, una bonita amistad o una larga relación de noviazgo.
Libros:
-Nuestros niños y el sexo
Cómo explicárselos
Anameli Monroy
Editorial Pax México
-Profesión: mamá
Julia Borbolla de Niño de Rivera
Editorial Diana
“Tenemos mucho, hagamos más”.
www.sermexico.org.mx
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