Los niños de colores

Mar 23, 2009

POR: David Hernández Aguirre /// Cuando el niño entró al salón de clases, captó de inmediato la atención de todos. Calzaba huaraches, vestía camisa, calzón de manta y usaba sombrero. Guardaba sus cuadernos en un morral.

A la hora del recreo, los chicos lo rodearon y se burlaron de mí, hasta que alguna maestra les llamó la atención. Esta historia, basada en un hecho real, es una lamentable situación que sigue repitiéndose en diversos ámbitos de México y no sólo en algunas escuelas; se trata de la discriminación racial.

Tradicionalmente se ha hecho a la población indígena el blanco de esta deplorable actitud. Se le han puesto sobrenombres para generalizar a toda persona que -según se cree- entra en esta categoría.

Así, se les dice “Marías” a las mujeres que se sientan en las calles de las ciudades para vender alguna mercancía o artesanía. Mención aparte merece el calificativo que se le da a los varones, y que algunos usan en tono peyorativo cuando se quiere ofender a alguien: “¡Indio!, te bajaron de la sierra a tamborazos”, se le dice a las personas consideradas ignorantes o con escasos modales.

La única manera de combatir este problema es empezar a educar con base en el respeto desde el hogar. Los padres no deben esperar a que la escuela tome cartas en el asunto. La responsabilidad empieza en casa.

¿Cómo pueden inculcar en sus hijos valores y actitudes que les prevengan de caer en conductas racistas? Existen diversas estrategias que se pueden llevar a cabo con ellos, según explica la licenciada Esther Ruiz Cobo, Coordinadora del Centro Estatal de Derechos Humanos del estado de Guanajuato, que señala precisamente al rechazo social como el más obvio practicado contra las etnias.

En su práctica profesional, ha detectado que estas personas “son víctimas de burlas y bromas, y que no son integrados socialmente, lo que, aunado a la barrera del idioma, hace que su vida se vuelva muy complicada y difícil”.

En los talleres y charlas que se imparten en las sedes de este centro, se conversa con los jovencitos de las escuelas, a fin de inculcarles “la construcción de una vida social basada en el respeto”. Ella recomienda a los papás que enfaticen en sus hijos una nueva visión de las razas. Dialogar con ellos para sembrarles como riqueza y valor lo diferente.

La diversidad racial nos enriquece culturalmente. Hay que promover en los jóvenes el respeto hacia la dignidad de todas las personas. Algo interesante que también recomienda, es crear conciencia en los niños de que pueden pasar de victimarios a víctimas, afirma que “todos podemos caer en eso, especialmente quienes practican la intolerancia y discriminación racial”.

Esto por supuesto, lleva la reflexión implícita de enseñar a los hijos que es mejor tratar a los demás como les gustaría que los trataran a ellos. Será la mejor manera de protegerlos de caer en conductas racistas y discriminantes. Y no sólo en las familias. Es un esfuerzo al que bien vale la pena sumarse como miembros de la sociedad. El resultado será la convivencia armoniosa y el aprecio por la riqueza étnica del país.
“Tenemos mucho, hagamos más”.
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