Indiferencia, ¿violencia familiar?
POR: Sergio Ibáñez Velázquez /// Dentro de las relaciones de pareja las personas tienen diversas maneras de reaccionar ante un problema o desacuerdo. Una de ellas es actuar con indiferencia, que como la define el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es un estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o situación determinada. Pero comportarse así e ignorar las situaciones de enojo o al ser querido, puede tener consecuencias negativas para los dos.
Para Raquel Liberman, psicóloga docente en el Instituto Mexicano de la Pareja, esta actitud constituye un tipo de violencia y nos explica: “La indiferencia es una forma de agresión pasiva. Cuando después de una discusión, una persona toma este comportamiento lo usa como un castigo; al dejar de hablar con su pareja o al no hacerle caso quiere manifestar su poder, buscando tomar un lugar prioritario en la relación en perjuicio de la igualdad que debe haber entre ambos, pues con esta actitud descalifica y excluye al otro. Por lo tanto, no es la manera adecuada de resolver los conflictos en una relación sana, ya que al actuar así, el agresor no reconoce la equidad entre las partes, ni la importancia que tiene el enfrentar los problemas responsable y constructivamente”.
La especialista comenta que cuando uno o ambos miembros de una pareja actúan con indiferencia de manera repetitiva puede dañarse la relación, pues al dejar las diferencias sin resolver, con el paso del tiempo se producen más complicaciones, como que la parte agredida se esté subordinando continuamente al castigo de la otra, lo que en ningún caso es aceptable, o incluso que se disparen niveles cada vez mayores de violencia y agresión. Por lo anterior, es claro que este tipo de comportamiento genera un distanciamiento entre los dos, lo que por sí solo es lamentable.
La mejor alternativa a la indiferencia es la comunicación. Es evidente que no siempre se está en un buen momento para tratar de dialogar sobre un desacuerdo, pero es diferente dejarlo para cuando se sientan más tranquilos y puedan hacerlo en forma pacífica, a no enfrentarlo nunca. Es mejor cuando hay disponibilidad para conversar sobre lo que cada uno siente, de las situaciones de descontento y de las opciones de solución con igualdad, respeto y aceptación. Si uno o los dos actúan cotidianamente de modo que no se puede hablar en estas condiciones hay que buscar la manera de expresar y aceptar la existencia de un problema, así como evaluar el daño y de ser necesario plantearse la necesidad de un cambio que sea benéfico para los dos.
Es inevitable que en ocasiones surjan desacuerdos en la vida en pareja. Siempre existe la posibilidad de encontrarse ante situaciones que causan disgusto o malestar, pero no es recomendable evadirlas ni guardar lo que se siente o actuar con indiferencia. Cuando se tienen conflictos dentro de una relación es preferible enfrentarlos de manera conjunta, en igualdad de derechos y con la convicción de que es mejor dialogar con respeto y buena disposición. La comunicación es una herramienta útil en cualquier circunstancia.
“Tenemos mucho, hagamos más”.
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