Legionarios mutilados

Jul 11, 2010

Por: José Zaldívar.- El Papa Benedicto XVI acaba de designar a un experto en finanzas clericales, como lo es el arzobispo Velasio de Paolis, para que se haga cargo de “resguardar las obras de caridad” de la congregación de los Legionarios de Cristo, las cuales, de acuerdo a indicadores de la revista Fortune, superan los 20 mi millones de euros, dando con este paso un claro indicio de que lo que le importa a el Vaticano es mantener la fortuna lograda por el pederasta Marcial Maciel “a salvo” de sus herederos y demandantes.

Se ha señalado con insistencia que el alto nivel de corrupción de Maciel no sólo giraba en una sexualidad degenerada y depredadora, sino también en un manejo turbio de lo económico. En los más importantes medios internacionales se acaba de publicar sobre la fortuna de su hija, y hay ex legionarios que han insinuado que hay lavado de dinero, sobre todo en la zona de Quintana Roo.

De acuerdo al enunciado del Vaticano, Su Santidad el Papa “no pretende apropiarse del dinero de los legionarios”, solamente lo que busca es que después de la ausencia del padre Marcial Maciel fundador de la legión, quien ejercía una autoridad vertical y casi dictatorial en sus recursos, no haya descontrol en lo financiero, “y que aunque los legionarios saben hacer esto muy bien, ahora “hace falta una cabeza fría” para que sus obras sociales tengan continuidad; de no ser así, mucha gente pobre podría verse desfavorecida”.

Revisando en Internet el perfil de De Paolis, nos da un claro indicio de las prioridades del Vaticano en torno a la Legión: Es un auditor que trae ordenes de “meterse a fondo” con las finanzas legionarias, “porque allí hay un hoyo negro” de una dimensión desconocida que está en litigio; se quiere saber hasta dónde llega la fortuna de los legionarios.

Como buenos maestros que son en el arte de la prestidigitación, en la llamada Santa Sede pretenden hacer un acto más de magia encubridora. Ahora aceptan lo que siempre negaron, que Marcial Maciel fue un consumado pederasta y regenteador a su gusto de recursos humanos y financieros. Tratan de personalizar el mal, vertiendo todo tipo de señalamientos acusatorios en una persona, y evaden hacer luz sobre el problema institucional que por décadas cobijó al depredador sexual que actuó a sus anchas porque se lo permitieron.

Las denuncias contra Marcial Maciel y su doble vida, más bien por lo menos cuádruple. De sacerdote que representaba cumplir su voto de celibato, a sexópata que calmaba sus ansias con infantes y adolescentes terminando en cautivador de mujeres con las que procreó varios hijos, irrumpieron con fuerza ante la opinión pública desde febrero de 1997. Sin embargo antes, pero mucho antes, ya un grupo de víctimas había intentado llamar la atención de las autoridades del Vaticano sobre los peculiares gustos del sacerdote.

A partir de 1978 algunos legionarios atacados sexualmente por Maciel en su niñez y/o adolescencia le empezaron a hacer llegar a Juan Pablo II, documentos en los que relataban los horrores perpetrados contra ellos por el fundador de la Legión de Cristo. En algunos casos sus hijos biológicos. La respuesta fue el silencio. El mismo grupo se sintió lacerado por Juan Pablo II cuando éste, en 1994, presentó a Maciel como un eficaz guía de la juventud. Fue entonces que decidieron buscar otros senderos para revelar los delitos de Marcial Maciel. Acudieron a la prensa, porque obispos, arzobispos, cardenales y el Papa se rehusaron siquiera a escucharles.

Sin usar el término, la comisión especial designada por Benedicto XVI ha recomendado que debe refundarse a la Legión de Cristo. Se habla de renovarla, recuperar el carisma que le dio origen. Pero hay un absoluto silencio sobre el régimen vertical, y bendecido por sucesivos papas, que hizo posible el blindaje construido por Maciel que le dejó las manos libres para depredar a sus anchas. Porque el voto de obediencia absoluta que cada legionario debía profesar a quien llamaban “nuestro padre Maciel”, el control de la vida de cada candidato, seminarista y sacerdote de la orden permitieron al ahora defenestrado por Roma levantar un sistema panóptico eficaz para vigilar y castigar.

La opción no es refundar la Legión de Cristo, sino más bien, de existir intenciones autocríticas al sistema que dejó medrar por décadas a Maciel, refundir a la orden y limpiar a fondo la putrefacción. Nada más que esto sería poseer un espíritu reformador que el papado de Benedicto XVI no tiene. El paso dado por Joseph Ratzinger demuestra que él es contrario a la democratización de la Iglesia católica, y absoluto partidario de mantener el predominio de las cúpulas clericales por encima de la feligresía.

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